lunes, 25 de febrero de 2013

CONVENCER VERSUS VENCER

"El que tiene la verdad en el corazón no debe temer jamás que a su lengua le falte fuerza de persuasión". Jhon Ruskin

Cuatro son las funciones de la comunicación Informar, formar, entretener y convencer-persuadir.


En el último post os prometí que la diferencia entre convencer y persuadir sería el tema de este. Y lo prometido es deuda.

Convencer: No es sinónimo de persuadir. Convencer implica trabajar con RAZONES y en el plano de las ideas, de lo objetivo y lo demostrable. Cuando se convence se apela a la razón.





El principal propósito de convencer es: influir en la opinión de alguna persona o grupo social, modificar alguna opinión del auditorio, disuadir a quienes se muestran opuestos a un punto de vista, minimizar la hostilidad hacia una determinada tesis, justificar una convicción o refutar puntos de vista que no se comparten. En definitiva cambiar pensamientos o razones.



La persuasión va más allá de los razonamientos objetivos, medibles y cuantificables, la persuasión usa el lenguaje de la subjetividad, de los valores, de las emociones, de todo aquello que mueve realmente el mundo del interlocutor Persuadir es: conseguir que la audiencia  internalice tu argumento, para integrarlo como parte de su sistema de creencias y adoptarlo como suyo. Sin embargo, el principal propósito de la persuasión es cambiar acciones, conseguir que tu interlocutor modifique sus comportamiento, que haga algo que tu quieres apelando a sus motivaciones más profundas y personales.

En la argumentación que pretende convencer hay que ser selectivo, no se trata de soltar una combinación de posibles ventajas, sino de seleccionar aquellas de mayor peso, aquellas que sean realmente irrefutables. Cuando se pretende persuadir, además, hay que añadir razones subjetivas, no tan irrefutables y casi nunca fáciles de demostrar, pero que al fin y al cabo, son el móvil real de la acción.

El siguiente vídeo, es un gran ejemplo. El valor de las palabras. Es un vídeo viral de Purplefeather, una empresa especialista en contenido online.




Atendiendo a la relación existente entre persuadir y argumentar, podemos extraer que una persona o grupo puede ser: ni persuadido ni convencido, ¡MAL HECHO!; convencido pero no persuadido entonces el interlocutor no se moverá no cambiará su comportamiento un ejemplo típico de estar convencido y no persuadido lo vemos en los fumadores, que aunque están convencidos de que el tabaco es perjudicial no abandonan el hábito.; persuadido pero no convencido y entonces se producirán sentimientos de mala conciencia o de insatisfacción y, en el mejor de los casos, persuadido y convencido,  BIEN HECHO que es el caso idóneo donde la persona cree en lo que que hace.



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